La compra de vacunas Sputnik V de Argentina a Rusia envueltas en un escándalo geopolítico

“Argentina se ha quejado a Rusia por los retrasos en la entrega de segundas dosis de su vacuna contra el coronavirus Sputnik V en una carta en la que advierte del incumplimiento de las repercusiones del contrato, dijo el jueves el gobierno de Buenos Aires”, dice suavemente la agencia de noticias AFP y reproduce news.yahoo.com Pero en realidad la situación es más grave porque desnuda la utilización geopolítica que le dieron a la pandemia los gobiernos de la dupla presidencial Alberto Fernández - Cristina Fernández de Kirchner y el líder del Kremlin Vladimir Putin.

[Pie de imagen: Argentina está presionando a Rusia para que le envíe segundas dosis de la vacuna Sputnik Covid-19] El reporte de la agencia de noticias AFP:

La carta, fechada el 7 de julio, fue enviada al Fondo de Inversión Directa de Rusia (RDIF), que respaldó financieramente al Sputnik V, dijo a periodistas la asesora presidencial Cecilia Nicolini, confirmando un informe del diario La Nación. En diciembre, Argentina se convirtió en el primer país latinoamericano en aprobar la vacuna Sputnik, con el presidente y su adjunto entre los primeros en recibirla en una muestra pública de confianza. La carta decía que Argentina necesitaba "urgentemente" la entrega de segundas dosis y advirtió que "todo el contrato corre el riesgo de ser cancelado públicamente". La inoculación con Sputnik V, producida por el instituto ruso Gamaleya, requiere dos dosis que difieren entre sí y no se pueden intercambiar ni mezclar con otras vacunas. La carta decía que Argentina entendía que había habido "dificultades de producción". "Pero ahora, siete meses después, todavía estamos muy atrasados, mientras comenzamos a recibir dosis de otros proveedores de manera regular, con horarios que se cumplen". El país de 45 millones de personas había firmado un acuerdo con Rusia por 30 millones de dosis de Sputnik V, de las cuales ha recibido menos de 12 millones, según Nicolini. Ha recibido 9,37 millones de dosis del primer componente, pero solo 2,49 millones del segundo. Al inicio de su campaña de vacunación, Argentina buscó dar una primera dosis al mayor número de personas, para ser seguida tres meses después por la segunda. La mayoría de las personas que recibieron su primera inyección de Sputnik V todavía esperan la segunda más de tres meses después. En las últimas semanas, el gobierno ha buscado acelerar su vacunación impulsada en un intento por prevenir un aumento en las infecciones impulsadas por la variante altamente contagiosa del virus Delta, que aún no circula en Argentina. Argentina también está usando las vacunas AstraZeneca y Sinopharm, y recientemente recibió una donación de vacunas Moderna de Estados Unidos.


Poco más de 17 millones de argentinos han recibido una primera inyección de una de las vacunas y menos de seis millones han recibido dos inyecciones. El país ha registrado unos 4,79 millones de casos de coronavirus y casi 103.000 muertes. Rusia registró el Sputnik V en agosto pasado antes de los ensayos clínicos a gran escala, lo que generó preocupación entre los expertos sobre el proceso acelerado. Desde entonces, ha sido declarado seguro y más del 90 por ciento de efectividad en un informe publicado por la revista médica líder The Lancet, restaurando la confianza en el jab de Rusia. El RDIF ha firmado acuerdos de producción con varios países, incluida la India, que se espera que produzca varios cientos de millones de dosis al año. El RDIF dice que su vacuna de dos dosis ha sido aprobada en 68 países y que ha solicitado su registro en la Unión Europea”, finaliza el artículo cuyo original usted puede leer siguiendo este enlace: https://news.yahoo.com/argentina-complains-russia-over-vaccine-154553143.html


La versión en Argentina


La noticia del día en Argentina tuvo su origen en un articulo que el periodista Carlos Pagni publicó en el diario lanacion.com.ar

Hoy en La Nación más temprano el periodista Carlos Pagni desmenuzó en su nota cada párrafo de su logro periodístico. Dijo que Cecilia Nicolini es una asesora clave de Alberto Fernández. Politóloga, con una interesante carrera académica, se la reconoce por su compromiso con la función pública. Ahora hay que agradecerle algo más: una sinceridad tan inusual como candorosa. Hace dos semanas, el 7 de julio, Nicolini dirigió una carta, vía mail, a Anatoly Braverman. Es la mano derecha de Kirill Dmitriev, el CEO del Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF, por sus siglas en inglés). Hay varios motivos por los cuales esa carta, a la que accedió LA NACION, es muy valiosa. El más importante es que revela la encrucijada desesperante en que se encuentra el Gobierno en relación con la apuesta más contundente de su plan de inmunización: la Sputnik V. También desnuda que la preferencia por esa vacuna ha sido una opción geopolítica; igual que el desinterés por productos alternativos. Nicolini explicita, además, algo obvio: que el oficialismo hace una utilización facciosa del plan de vacunación.


La otra evidencia que aporta esta nota no tiene que ver con su contenido, sino con el contexto en que fue divulgada: la administración de la pandemia es solo uno de los campos en que se desarrolla un conflicto entre dos sectores del oficialismo. Es el conflicto que aparece en el armado de las listas para las próximas elecciones.


La nota de Nicolini, que se envió con copia a la ministra Carla Vizzotti y a su secretario de Gestión Administrativa, Mauricio Monsalvo, comienza con una confesión angustiante: “Como le mencioné hoy, estamos en una situación muy crítica. Nosotros teníamos la esperanza de que, después de la conversación que tuvimos tú, Carla, Kirill y yo un par de semanas atrás, las cosas iban a mejorar. Pero han empeorado”. La funcionaria explica que no llega el componente 2, que es el que se aplica en la segunda dosis. Y reclama el envío, aunque más no sea, de un millón de unidades para inocular a los mayores durante el fin de semana. Es decir, el 10 o el 11. No tuvo suerte: recién el 13 llegaron 550.000.


Más allá de las dificultades para conseguir el componente 2, todo el contrato con el RDIF y con Human Vaccine, una empresa creada por ese fondo para vender la Sputnik V, está al borde de naufragar. Nicolini se lo dice en estos términos a Braverman: “…Todavía necesitamos recibir las dosis pendientes del Componente 1. Tal como lo indica el contrato, todavía tenemos pendientes de recibir 18.734.185 dosis (5,5 millones C1 + 13,1 millones C2). Aún estamos esperando el cronograma de entrega de Julio que Usted también acordó enviarnos en esa llamada. Pero no lo recibimos. En algún punto, podríamos pensar en recibir más componente 1 que 2, o pensar nuevas estrategias, pero urgentemente necesitamos algo del componente 2. A estas alturas todo el contrato está en riesgo de ser públicamente cancelado. Nosotros entendemos el faltante y las dificultades de producción de algunos meses atrás. Pero ahora, siete meses después, todavía estamos muy atrás, mientras estamos empezando a recibir dosis de otros proveedores en forma regular, con cronogramas que se cumplen”.


El párrafo siguiente tiene un matiz enternecedor: Nicolini intenta sensibilizar, tal vez presionar, al hombre de Vladimir Putin al informarle: “Recientemente emitimos un decreto presidencial que nos permite firmar contratos con empresas americanas y recibir donaciones de los Estados Unidos. Las propuestas y entregas son para este año y también incluyen vacunas pediátricas, lo que es otra ventaja. Le pedimos a su equipo que comparta un protocolo para uso pediátrico que nos permita ejecutar un estudio aquí, pero todavía no recibimos nada”. El pasaje sugiere algo así como “si nos siguen ignorando nos vamos con los Estados Unidos”. Una insinuación significativa, que confirma lo que se sabe: la estrategia de vacunación está guiada por criterios geopolíticos, acaso más que sanitarios. Un aspecto que ilumina de nuevo la resistencia a comprar vacunas norteamericanas, sobre todo la del laboratorio Pfizer, única autorizada para uso pediátrico.


La contracara de esa reticencia es la franqueza con que Nicolini explica a Braverman que el Gobierno ya no puede hacer más cosas para beneficiar al fondo ruso y al laboratorio Richmond, de Marcelo Figueiras, con el que ese fondo contrató la elaboración local de la Sputnik V. La transparencia de la asesora es sorprendente: “Finalmente, la producción local fue un gran paso para todos nosotros. Nuestro Presidente participó del evento de lanzamiento, incluso esperando por más de 2 horas. Nosotros estamos muy felices y con gran apoyo a Richmond. Solo le pedimos que tenga los primeros resultados antes del 9 de julio, ya que es una fecha muy importante para nosotros, el Día de la Independencia, lo que es muy significativo. Richmond envió las primeras dosis para pasar el control de calidad el 16 de junio. Nos habían dicho que este proceso podría demorar entre 10 y 15 días. Es 7 de julio y todavía no está listo y no estará listo para el 9 de julio, como el Presidente les pidió amablemente, teniendo en cuenta los días que se necesitan. Las dosis están en Rusia por más de 21 días ahora… nosotros esperamos que Usted ponga especial atención a esto, que fue el único y más importante pedido del Presidente Fernández y fue, otra vez, una decepción para él y para el país”.


Nada que llame la atención: Fernández necesitaba, por razones de campaña, anunciar que Rusia aprobaba la fabricación local de la Sputnik el 9 de julio. Tampoco le dieron ese gusto: el visto bueno llegó el 15. De todos modos, Nicolini y Fernández hicieron de tripas corazón y salieron alborozados a dar la vuelta olímpica por Twitter.


Hay en la carta un párrafo vidrioso. Nicolini explica a Braverman que no puede acceder a un requerimiento: que el Estado, en vez de comprar las vacunas al sello Human Vaccine, se las compre a Richmond. No están claras las razones del pedido. En el Gobierno explican que para RDIF, por la normativa rusa, es más costoso exportar vacunas que exportar el principio activo de esas vacunas. Por eso preferiría que el proveedor sea Richmond. De ser así, el Gobierno tendría un problema: previó desgravar la compra de todos los suministros nacionales relacionados con la pandemia, menos las vacunas. Es decir: si le comprara a Richmond, habría que sumar un costo impositivo que se evita con la adquisición de Estado a Estado. Para que su interlocutor no lo tome a mal, Nicolini menciona algunos beneficios concedidos: por ejemplo, a Figueiras se le permitió importar el principio activo sin pagar aranceles, “entendiendo que esas dosis iban a ser entregadas a nosotros”. Ojalá sea así. Porque Figueiras tiene un contrato para vender esa vacuna en varios países. Es decir: el fisco argentino le estaría dando una ventaja ajena por completo al interés nacional.